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¿Para qué sirve un estado?

DSC_0006Llegaban bajo el mismo sol de justicia que les ha acompañado durante todo su periplo -aunque algo mas seco, según contaban-; bajaban de la «Ballena Azul» con la misma ilusión que durante las últimas dos semanas, pero hoy no les esperaban niños y niñas, ávidas de ilusiones, malabares y risas: el destino de hoy era la subdelegación de gobierno de Córdoba. Un recinto abierto, ajardinado, con un enorme estanque, con árboles que traspiran olor a naturaleza… un deleite para los sentidos, que contrasta con los escenarios que ha visitado últimamente este cetáceo motorizado cargado de risas: las barreras, la tierra seca y el olor a refinería, el gris de los barracones y el azul pardo, casi ausente, de las tiendas maltratadas por el sol.

En este escenario, a las puertas del edificio que representa la justicia, bajaban de la ballena estos «Jonases» que tan poca justicia han presenciado últimamente, para fundirse en abrazos y vítores, con el resto de la asamblea pro-personas refugiadas y sus seres mas queridos, entre pancartas que, con la subdelegación de gobierno al fondo, reclamaban una vez más una solución a quienes nos impiden aplicar las nuestras propias.

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Dice Yayo Herrero que la política debiera de ocuparse del cuidado de los cuerpos, y yo no encuentro una mejor definición, bajo la cual todo es político, porque prácticamente cualquier acto de nuestra vida se relaciona e incide directamente con nuestros cuerpos y por consiguiente con nosotras, las personas. En algún momento nos dijeron que había que construir estados nación que nos hicieran mas llevadero, colectivo y solidario este autocuidado. Pues dígannos, señores gobernantes, en que momento perdieron el rumbo y convirtieron esos estados en conjuntos arquitectonicos vacios que muestran jardines y estanques hacia adentro y hormigón y vallas de espino hacia afuera, a modo de decorados de «El show de Truman» de proporciones grotescas. En sillones de piel acolchada y onerosa madera que atesoran todo el poder pero son incapaces de dar una respuesta humanitaria mínima a quienes huyen de desastres que ustedes mismos han «teleprovocado» en nuestro nombre. Sus estados, que tan bien protegen banderas, coronas, edificios, cuentas bancarias, multinacionales, etc., son totalmente inoperantes a la hora de proteger, ni si quiera en lo más básico, a las personas. Sus estados, señores, son una fabrica de anarquistas.

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VIDEO: Proyecto Risas Solidarias

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