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Partir para contar – Salir de Sudán para dejar la guerra atrás

Marwa tiene veintiún años y nació en Sudán. Cuando tenía tres , su familia tuvo que abandonar el país debido a la intensidad del conflicto armado. Su madre estaba embarazada de 8 meses y tenía otra hija también de corta edad. Así llegaron a Egipto, donde pasaron dos largos años hasta conseguir que EE.UU. les concediera Asilo Político, primero a ella, a su madre y a sus hermanas, luego a su padre. Era el año 2000 y, a pesar de todas las vicisitudes que tuvo que pasar su familia, se siente afortunada por haber podido realizar el viaje en avión. Nunca han regresado a Sudán.

Quince años después, Marwa está trabajando como voluntaria médica en el Campo de la Jungla, en Calais. Al encontrarse con otros compatriotas, éstos le relatan la violencia que hoy sigue asolando Sudán del Sur o determinadas regiones como Darfur, de donde proviene una parte importante de las personas refugiadas que malviven en este asentamiento. Llevan meses a la espera de poder solicitar asilo en el Reino Unido o incluso en Francia, opción a las que muchos aspiran ya tras comprobar las dificultades que existen para llegar a Gran Bretaña.

Es el caso de Ahmad, que salió de Sudán del Sur hace unos siete meses con su esposa. Juntos atravesaron Libia, un país extremadamente inseguro en el que las personas procedentes del África subsahariana se ven expuestas a todo tipo de violencias que a menudo les cuestan la vida. Aún así, alcanzaron la costa norte para embarcarse hasta Italia. La embarcación naufragó, como le ha ocurrido a tantas este año en el Mediterráneo. De las casi 500 personas que viajaban, casi 400 desaparecieron en el mar. Se ahogaron. Tras unos meses a la espera, Ahmad se dio por vencido y dejó de buscar a su esposa. Hoy, en Calais, explica que la violencia en su región insostenible: pueblos enteros son arrasados, las familias son expulsadas de sus tierras y las posibilidades de labrarse una vida en otras zonas del país son casi inexistentes.

Mapa de Sur Sudán y Sudán

Mapa de Sur Sudán y Sudán

Sudán es un país africano que limita al norte con Egipto y al este con Etiopía, el cual ha vivido dos grandes guerras civiles, que enfrentaron a la insurgencia sur sudanesa con el Gobierno central de Jartum. La primera tuvo lugar entre 1955 y 1972 y la segunda entre 1983 y 2005. Entre ambas han causado más de dos millones de víctimas mortales y cuatro millones de personas desplazadas. Este continuo estado de guerra ha provocado así mismo la ruptura de la tradicional coexistencia entre las múltiples comunidades étnicas que conviven en la zona.

Sudán del Sur alcanza la ansiada independencia en 2011, no obstante, la paz no llega. En diciembre de 2013, se reactiva una nueva guerra civil dentro del nuevo Estado, que enfrenta a las dos principales etnias del país: Dinka y Nuer. Este conflicto se extiende hasta nuestros días. Se trata de una guerra que ha matado a más de 50.000 personas, mantiene en campos de desplazados a un millón y medio de habitantes (el 15% de la población) y ha obligado a huir al extranjero a otro medio millón.

Actualmente hay conflictos abiertos también en otras regiones de Sudán,como Kondofán, Darfur y Alto Nilo.

Darfur es una zona rural situada al oeste del país. El conflicto, que enfrenta a milicias presidenciales, autodefinidas como árabes, con las comunidades negro-africanas sedentarias, comienza en el año 2003 y ha provocado la muerte de más de 400.000 personas y el desplazamiento de 2.000.000. Tras la firma de un acuerdo de paz en mayo de 2006 la violencia se agravó y el conflicto comenzó a extenderse a los países vecinos, Chad y República Centroafricana.

A día de hoy, la situación no ha mejorado como debiera. El presidente Bashir continúa perpetuando la violencia contra su pueblo. Las hambrunas están a la orden del día, y las milicias presidencia siguen hostigando a las comunidades negro-africanas sin que la Comunidad Internacional haga nada al respecto.

Es indignante que los diferentes Estados de la UE nieguen el derecho de asilo a personas que huyen de un conflicto que se extiende ya durante más de 20 años. Al no facilitar vías para la demanda de asilo en sedes diplomáticas obligan a estas personas a exponer sus vidas en rutas migratorias extremadamente peligrosas, haciéndose cómplices de la masacre de estos pueblos. Ni siquiera, una vez en territorio europeo, les ofrecen vías para acceder a una condiciones de vida dignas y seguras.

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