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Partir para contar – Día 10: Hope Sweet Home

Hope Sweet Home (La esperanza, dulce hogar)
[Pintada a la entrada del campamento]

Vista de la Jungla de Calais

Vista de la Jungla de Calais

– “¡Oh! ¿Italianos?
– No, pero cerca.
– En Italia la policía buena, te saludan. Aquí la policía te golpea, usa gases lacrimógenos y balas de goma.

Lo miramos, dudamos de si llega a la mayoría de edad.

Cae la tarde. Un hombre de cuclillas, próximo a la entrada de la jungla, anda con la mirada perdida.

Una compañera se acerca a saludarle:

– Hola, amigo. ¿Qué tal el día?
– Hola, parece que no fue mal. Peor fue la noche. Ayer la policía golpeó fuerte. ¿Tenéis algo para el dolor? – mientras se toca los brazos le damos un anti-inflamatorio –.

En el camino a la furgoneta, alguna le preguntamos que por qué no habrá ido al punto de primeros auxilios. Ella, tras varios meses aquí, nos dice:
– Imaginaos, estaba desolado. Después del largo viaje, después de esperar la “chance” durante días o meses, cuando lo ha intentado le han apaleado y se encuentra en estado de shock.

Detalle de la valla que rodea la carretera A-16

Detalle de la valla que rodea la carretera A-16

En una entrevista un compañero nos invitaba a pensar en las personas que viven en el campo como gente que en la mayoría de los casos no han cometido una infracción en la vida. En cambio, cada vez son más los testimonios que nos hablan de la violencia policial y al pasar unos días en las caravanas de primeros auxilios, sumamos lo visto: quemaduras, golpes, fracturas… La criminalización se ha convertido en una de las herramientas más potentes de control migratorio. Convertir al migrante, al refugiado, en un delincuente.

Esa noche había habido disturbios con la policía al intentar cortar con barricadas la carretera A-16 y así probar la “chance” de montarse en algún camión rumbo a Reino Unido. Esa noche apareció un sudanés de 30 años muerto, muchos kilómetros andados y un sueño frustrado. Ayer la policía llegó al campo, sin mediar más palabras y con aire socarrón, colgó su foto (sólo su foto sin nada más) por varios sitios visibles del campo. Tras ello el ambiente se caldeó, puesta la pólvora y encendida la mecha, no llegó a más.

Hoy nos decía un compañero que cada día se sorprendía más de ver lo poco jungla que es la jungla: miles de hombres que han huido de experiencias traumáticas, atascados sin poder seguir adelante, malviven en un entorno hostil e insalubre. Y que sin embargo se esfuerzan por vivir en paz. En la Escuela de Darfour una comunidad de sudaneses de etnias enfrentadas han querido dejar atrás las rivalidades creando un espacio de convivencia.

Ya yéndonos del campo nos encontramos una pintada que han hecho unos niños con el símbolo de la minoría Oromia. Charlamos con ellos, están sorprendidos y contentos por el gesto del atleta etíope Feyisa Lilesa al conseguir la medalla de plata en la prueba de maratón en las Olimpiadas de Río.

Un gesto más, como esta pintada, que visibiliza que tras estos intentos de criminalización hay muchas historias de guerra y persecuciones.

La policía no tiene sólo un papel de control, como podría intuir la mayoría de la población, aplica una violencia innecesaria y desmedida. Una voluntaria de la Escuela de Darfour nos cuenta que cuando la policía apresa a las personas refugiadas muchas veces no las detiene porque los centros de internamiento están atestados; En su lugar, las denigra, incluso agrede, y suelta sin algunas de sus pertenencias como los zapatos y abrigos, haciendo que estas personas tengan que empezar desde cero otra vez. Queríamos acabar así con una reflexión de un entrevistado: la población francesa no entiende que una vez que se traspasan ciertas barreras y se vulneran los derechos mínimos de las personas, aunque lo estén sufriendo los migrantes, nada impide que la propia población autóctona pueda ser víctima de tales vulneraciones .

Entrada a la Escuela de Darfur

Entrada a la Escuela de Darfur

Símbolo de las protestas de la etnia Oromo de Etiopía

Símbolo de las protestas de la etnia Oromo de Etiopía